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Sarab, la aldea con más adictos al opio.
Sarab Afganistán, la adición del opio ha llegado a ser algo tan arraigado que familias enteras, desde los bebés a los ancianos todos se han convertido en adictos.
En docenas de aldeas situadas en la montaña de este remoto rincón de Afganistán, la adición del opio ha llegado a ser algo tan arraigado que familias enteras – desde los bebés a los ancianos – se han convertido en adictos. Aislados del resto del mundo por arroyos glaciales, la adicción va extendiéndose casa a casa, infectando comunidades enteras. Hace años, sólo había una familia con problemas de adicción en Sarab, ahora al menos la mitad de la población, unos 1.850 habitantes, es adicta. Afganistán suministra casi todo el opio que se produce en el mundo, la materia prima utilizada para fabricar la heroína y, aunque se exporta la mayor parte de esa cosecha letal, queda bastante cantidad atrás creando un ciclo vicioso de adicción. Según el Departamento de Sanidad y Servicios Humanos de EEUU y una investigación que Naciones Unidas realizó en 2005, en Afganistán hay al menos 200.000 adictos al opio y a la heroína – 50.000 más que en EEUU, país mucho más grande y rico –.
Los antepasados de Beg poseían la mayor parte de las tierras del pueblo. En otra época llegó a tener 1.200 ovejas pero las fue vendiendo para pagarse la droga. A la venta de las ovejas le siguió la venta de la tierra, convirtiendo su espaciosa casa en un caparazón lleno de fango. Cultiva filas de patatas en el último de los campos que le quedan y cada vez que recoge la cosecha, tiene que decidir entre alimentar a sus nietos o comprar opio. “He perdido el respeto hacia mí mismo. He perdido mis valores. Le quito la comida a este niño para pagarme el opio”, dice señalando a su nieto de cinco años.
Haz clic sobre la galería de imágenes anexa para verlas en una resolución mayor.













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