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Inaceptable

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Inaceptable

En Monclova, con el pretexto de un operativo, se manifestó contundente la prepotencia de las fuerzas de seguridad que atropellaron las garantías constitucionales de la población, y además de abusos incurrieron en delitos, pues robaron a particulares y causaron daños en propiedad ajena.

En días anteriores, en relación con los hechos trágicos que ocurrieron en Torreón, debimos señalar la incompetencia del gobierno federal. Hoy estamos ante hechos no menos graves, que se deben denunciar pues son además inaceptables.


En Monclova, el lunes, con el pretexto de un operativo, se manifestó contundente la prepotencia de las fuerzas de seguridad que atropellaron las garantías constitucionales de la población, y además de abusos incurrieron en delitos, pues robaron a particulares y causaron daños en propiedad ajena.


Se entiende que los operativos no pueden ser anunciados, pero sorpresa no es sinónimo de prepotencia, ni de robo, ni de abuso.


Es inconcebible que después de tantos meses en la llamada guerra contra la delincuencia organizada, las fuerzas de seguridad sigan careciendo de cuerpos de inteligencia que les orienten a operativos más acertados.


Es inaceptable que esa carencia la suplan con la fuerza bruta, y que al no saber en dónde se oculta el enemigo, en su cortedad mental tumben la puerta de cuanto domicilio les parece sospechoso.


Es un delito que los policías roben descaradamente en esas casas con el pretexto de que recogen evidencias.


A los caníbales no se les combate comiéndoselos. Al delito no se le puede combatir cometiendo ilegalidades.


Ha habido anteriormente otros casos que en su momento se han denunciado. Los más destacados, la detención ilegal y falsa acusación en contra de periodistas, precisamente en Monclova; y el robo a varias residencias en Torreón el 1 de enero de 2009 por parte de agentes federales que iban tras una célula criminal.


No se ha alzado la voz lo suficientemente fuerte, los organismos defensores de los derechos humanos, el Senado y la Cámara de Diputados han reaccionado con indiferencia o tibieza, y en el Gobierno de la República, con toda su soberbia e insensibilidad, se ha arraigado el recurrir a la ilegalidad.


Aquí no queremos que venga Felipe Calderón a balbucear disculpas como lo hizo en Juárez después de deshonrar a los muchachos asesinados. Aquí la exigencia debe ser que se proceda legalmente contra quienes desde el poder están conculcando garantías y cometiendo delitos.


Ya es mucho que hayamos perdido seguridad, tranquilidad y espacios públicos, como para que ahora el gobierno nos quite garantías y derechos civiles.
Hay que alzar nuevamente la voz y más fuerte. No se puede tolerar un atropello más ni esperar a que la puerta que tumben sea la nuestra.

Escrito por: Eduardo J. De La Peña

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